lunes, 14 de marzo de 2016

Fell apart.

Era la figurita más preciada de mamá, esa que se encontraba en lo alto del armario y no se podía casi ni mirar. Bastaba pasar corriendo delante del mueble para que se pusiese hecha una fiera pensando que podía llegar a caerse. Era la figurita preciada de mamá, estaba tan alta que solo ella podía llegar a tocarla y ni ella lo hacía.
Un día unas manitas curiosas treparon por el mueble. Buscaban aquel precioso objeto que veían centellear desde abajo. El problema es que estas manitas eran muy pequeñas y bastó poner un dedo encima de ella para que la figura se tambalease. La bonita figura se deslizó entre sus manos el tiempo que tardó en parpadear y se hizo añicos en el suelo. 
Se quedó mirando hacia abajo con horror, esperando que volviese a recomponerse como por arte de magia, pero no lo hacía. Estaba rota y no había forma de recomponerla. Los pequeños trozos de cristal se esparcían por el suelo, cada uno había seguido su propia dirección sin ningún orden ni concierto, aquello era como una carnicería, solo que en vez de sangre había trocitos de cristal por todas partes.
Nunca entendió por qué aquella figura había sido tan especial, por qué su madre la guardaba como si fuese oro, como si fuese su posesión más preciada. Hasta que la vio allí tirada, rota en mil pedazos, sin poder defenderse de las manos que habían acabado con ella. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada