viernes, 19 de junio de 2015

I let my walls come down tonight.

Es difícil escribir algo cuando tu cara de gilipollas (toda sonriente, como si hubieses salido de un anuncio de trident) habla por ti.
Y es que no hay nada que esa cara no lo esté diciendo a gritos, sobre todo cuando tu cara nunca había estado antes así.
Pero vayamos al porqué la cara está así, que no sé por qué empiezo la historia por el final.
Finalmente te sinceras y dices eso que tienes guardado y que te da miedo decir, como si pudiese asustar a alguien, tanto a ti mismo como a la otra persona, pero tienes que hacerlo. Tienes que hablar o vas a estallar y esperar a estallar nunca está entre mis opciones.
Así que acabas hablando, acabas dejando que las pocas barreras que quedaban por el medio caigan y quedes expuesta y lejos de darte miedo te da un subidón de adrenalina, porque sí, pueden pasar cosas malas, pero ¿y las cosas buenas? ¿Por qué todo el mundo se olvida siempre de las cosas buenas? Nunca lo entenderé.
Y simplemente cierras los ojos y te dejas llevar. Las barreras ya han caído, ahora solo queda que el tiempo haga su trabajo.
Y esperas impaciente todas esas cosas que están por llegar porque sabes que merecerán la pena,y porque sabes que nunca las olvidarás aunque tampoco querrás olvidarlas. 

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