jueves, 21 de mayo de 2015

Solo escucha.

Silencio.
La melodía de un piano empieza a sonar, y junto a ella empiezan a bailar las lágrimas.
Son lágrimas que bailan al compás de una triste melodía escrita hacía tiempo, esperanzas que se rompen en cada uno de los silencios, ilusiones que se deshacen en mitad de un compás.
Sueños escondidos detrás de una clave de sol que no volverá a ver la luz, tantas emociones escondidas en un pequeño papel que quedará escondido en algún lugar al que nadie tenga acceso.
Era la canción más triste del mundo y aún así seguía albergando esperanza, un último compás en blanco esperando a ser rellenado. Quizá un compás no parezca mucho, pero quizá ese compás lo cambie todo.

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