martes, 26 de mayo de 2015

Deja que llueva.

Las nubes negras llenan el cielo, pronto empezará a llover. Tampoco es que me importe mucho, resguardada bajo las sábanas ni pasaré frío ni me mojaré, la veré a lo lejos con cierta envidia de quién está debajo calándose hasta los huesos.
Yo solía ser valiente a ratos y me gustaba estar debajo de la lluvia mojándome, disfrutando; hasta que un catarro hizo que entrase en casa y no quisiese volver a salir, de hecho de vez en cuando lo sigo haciendo, solo que mucho menos tiempo y con mucho más cuidado, pero no es lo mismo. Echo de menos estar bajo la lluvia, tirada, disfrutando de ella, porque se puede disfrutar de todo si sabes cómo hacerlo, y me he acostumbrado tanto a estar calentita que me da miedo el frío. Me he acostumbrado tanto a estar en paz que me da miedo la tormenta, pero empiezo a echarlo mucho de menos. Y quizá el día menos pensado salga a la calle, paraguas en mano al principio (un escudo que te proteja de lo que sea nunca viene mal del todo) y empiece a cogerle de nuevo el gusto a esa amiga lejana que dejé de lado durante mucho tiempo. Y quizá no mucho después de la primera vez, deje el paraguas a un lado y deje que la lluvia me cale dentro y quizá entonces vuelva a ser valiente como solía serlo.

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