sábado, 14 de febrero de 2015

Solo quiero que todo pare.

Vueltas y más vueltas.
Una noche cualquiera, de cualquier día.
Mi cabeza se ha convertido en un tiovivo, uno que parece que no tiene ganas de pararse nunca.
Ya no sé si estoy boca arriba o boca abajo, tantas vueltas me han hecho perder la perspectiva.
Ya ni la noche me entiende, se ríe de mí con su impresionante luna llena eclipsando a las estrellas de su alrededor.
Las lágrimas ya no saben si salir o quedarse dentro, también ellas están mareadas. Si salen no paran hasta que caigo rendida y si no salen siento un nudo que no me deja ni respirar.
Coger aire profundamente empieza a servir más bien poco, todo sigue dando vueltas.
Empiezo a agobiarme otra vez.
Nada está en su sitio.
Todo da vueltas.


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