martes, 17 de diciembre de 2013

Pupilas quebradas.

He oído muchas historias, muchos cuentos, muchas mentiras y muchas verdades, pero ninguna como la que me han contado tus pupilas.
Todo empezó con un sueño, mejor dicho, todo empezó con una ilusión.
Yo veía esa ilusión grabada a fuego, había tanta allí dentro, nadie parecía entenderte, pero yo lo hacía. Tus pupilas tenían un brillo que jamás había visto, parecía que quisiesen succionar las ilusiones de los demás. Y es que en ese momento tu ilusión cada día se agrandaba un poco más. Con mensajes cortos. Llamadas inesperadas. Te quieros y te amos susurrados. Noches mirando a la nada pensando en ese alguien. Yo lo veía, ¿por qué los demás no veían lo que tus pupilas gritaban a los cuatro vientos?
Ha pasado tiempo desde aquellos días. Tus pupilas ya no tienen esa ilusión, ahora parecen estar rotas, pero tienen un atisbo de esperanza. Sigues esperando esa llamada que te diga que quiere verte. Ese mensaje que te hará pensar durante horas. Esa mirada que hará que te vuelvas loca. Pero nada de eso conseguirá que tus pupilas recuperen la ilusión de antaño, tendrán rasguños y con el paso del tiempo se desgastarán y empezarán a cortar. ¿Por qué no lo dejas ya? ¿Por qué alargarlo más? Ya no le importas, tienes que asumirlo. Ahora deja que otra persona llene tus pupilas de nuevo.


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