domingo, 1 de septiembre de 2013

El rastro de la huida.

La noche oculta la angustia de su cara al igual que lo hacen las mangas de su chaqueta de la sangre que recorre su brazo.
Sueños rotos se oyen a lo largo de la calle acompañados de algún que otro ladrido lejano, pero sus oídos no oyen nada, ellos siguen el latir de un corazón que se va apagando lentamente. Arrastra sus pies a lo largo de la calle sin un rumbo fijo, lo único que quiere es seguir andando, seguir, huir de todas esas pesadillas que la persiguen de cerca.
Fija su mirada en su brazo ensangrentado y en las gotas que caen de él, un rastro de sangre la persigue, el rastro que usará la oscuridad para volver a ella pero ahora su corazón y sus pies ponen todo el esfuerzo posible en huir de allí.


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