domingo, 28 de abril de 2013

Una lágrima en mitad del camino.

Quise salir corriendo. Desaparecer.
Pero aquello no hubiese arreglado nada, seguí hacia delante con lágrimas en los ojos enfrentándome quizá a un final inesperado, pero no podía ser débil, no a estas alturas, ahora tenía que ser más fuerte que nunca. Y aunque las lágrimas dijesen lo contrario mi interior estaba en calma, sabía que el final por muy pronto o muy tarde que hubiese llegado serviría para algo, solo faltaba por determinar qué era ese algo. Y así, con los ojos llenos de lágrimas, el alma en calma y el corazón medio vacío continué mi camino.

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