viernes, 22 de marzo de 2013

Perdimos la cordura por el camino.

Hace una semana que el padre de una amiga se encuentra en una estrella cuidando de ella, la misa en su honor fue al poco tiempo de que falleciese hace por lo menos dos semanas, ella últimamente parecía que estaba mejor que al principio, no digo que estuviese bien. Ayer la mente brillante de mis profesores brilló por su ausencia, no se les ocurrió otra cosa que celebrar una misa para ella en honor a su padre con todos sus compañeros, el detalle es bonito no digo que no, pero estoy segura de que no la hizo ninguna gracia, es más si hubiese sido yo no me hubiese quedado a la misa, me hubiese negado rotundamente, porque te recuerdan lo mismo una y otra vez y echan por tierra lo que vas consiguiendo cada día pasito a pasito en un segundo.
Es más si me dices que en la misa solo se hubiese hablado de eso ni tan mal, pero es que se les ocurrió pedir por la gente que se iba de viaje de estudios al día siguiente, a mi lo que respecta a la misa me pareció una broma de mal gusto, ya que hacen algo por ella que no mezclen un viaje de estudios con la muerte de una persona, es que no lo veo ni medio normal.
Quizá penséis que he enloquecido por momentos pero es que esas cosas a mi me revientan y por último pero no menos importante me tuvo que tocar aguantar a un gilipollas, os explico brevemente, estaba con mi amiga y estaba yo sonriendo para intentar animarla y un niño que no tiene ni dos dedos de frente llega y me dice que no sonría que es de mala educación sonreír cuando alguien está mal, lo siento mucho por ese niño pero lo que dice no tiene sentido alguno, yo si estoy mal lo último que quiero es que venga donde mi gente llorando o con cara de puertas porque me deprimiría más, pero debo ser la oveja negra del lugar, debo ser a la única que la alegra ver una sonrisa.
Sé lo que estáis pensando, en que me he quedado a gusto y sí, lo he hecho.

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