domingo, 24 de febrero de 2013

213.

Estaba sentada en medo del puente, con las piernas colgando mirando como el agua corría bajo sus pies, observando como la lluvia alteraba la calma que llevaba siempre aquél río. Los peces se movían nerviosos aunque apenas se distinguían entre tantas gotas de agua.
Miraba el agua ensimismada, oía cada ruido que hacían las gotas al caer como si le susurrasen palabras que nunca había oído, que nunca habían sido pronunciadas por nadie, y aquellas tristes gotas se paraban a dedicárselas.

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