lunes, 14 de enero de 2013

196.

Era un príncipe sin castillo, sin su traje azul, sin sus mayas ridículas, sin sombreros con plumas, sin criados. De esos príncipes que poca gente cuando los ve piensa que lo sean porque lo único que lucen es una radiante sonrisa y más que príncipes parecen ranas, pero era un príncipe cualquiera. Aquel príncipe era un soplo de aire en medio de mi vida, una pequeña rana encontrada en un jardín un día cualquiera que al mostrarla un poco de cariño apareció un radiante príncipe, de esos que no necesitan ser guapos por fuera para ser preciosos. Aquel día me di cuenta de lo que cambian las personas cuando las conoces un poco, la imagen que tenías de ellas en la mente no es la real, puede incluso llegar a ser toda la contraria, supongo que aquel día aprendí una gran lección. ¿Os cuento un secreto? Desde ese día solo he encontrado príncipes atrapados en ranas y sigo buscando más.

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