domingo, 2 de diciembre de 2012

171.

Había imaginado un mundo perfecto a su lado, un mundo que nunca se haría real por más que lo intentase.
Y aquella tarde tras varios día pensado el por qué de eso llegué a la conclusión. Había estado ciega todo este tiempo. Mi mente se había imaginado toda esa historia. No había nadie que me quisiese. Nadie que quisiese estar a mi lado. Nadie. Y tras abrir los ojos aquella tarde deseé no haberlos abiertos, despertar me produjo un tremendo odio hacia mi misma. Los sueños en los que me había visto envuelta había conseguido hacerme creer en lo imposible, pero no eran más que eso, sueños que se desvanecían lentamente cada segundo que pasaba despierta. Llevaba meses soñando aunque habían parecido años, para llegar un día y despertarme de repente y darme de bruces con la realidad.

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