domingo, 21 de octubre de 2012

144.

Cada día que pasaba el camino se volvía más difícil, estaba lleno de recuerdos vividos y de miedos que volvía a aparecer pero todo ello no eran más que pequeñas piedras que había que ir dejando atrás.
Pasaba el tiempo lentamente, cada paso era más lento, más calmado, ya que un nuevo paso podría significar un cambio y quizá no estaba dispuesta a aceptar ese cambio.
Finalmente llegó al final del camino, que en realidad no era el final puesto que el camino se dividía en dos, el final de aquel camino era el principio de otro, y ahí me encontraba, en el principio, con la curiosidad de que me depararía aquel nuevo camino y sin esperar más comencé a andar.

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