miércoles, 26 de septiembre de 2012

128.

Sale de la ducha y va a la habitación únicamente tapada por la toalla. Cierra los ojos y se coloca frente al espejo.
-¿Te vas a portar bien hoy?- preguntó al espejo abriendo los ojos lentamente.
Se separó un paso y comenzó a mirarse.
-Los dedos de los pies los tengo demasiado largos-subió la mirada hasta sus piernas,- son demasiado gordas y las rodillas me hacen una forma rara -subió la mirada hasta la tripa y se le escapó una lagrimilla- estoy como una foca me sobran 5 kilos.
Volvió a cerrar los ojos y lloró en silencio, no se atrevía a mirar más, la dolía verse en el espejo, sabía que nunca la querría ningún chico.
No era perfecta, tampoco era fea, pero su autoestima era demasiado baja, pero sacó fuerzas y se miró la cara en el espejo.
-Mi pelo es feo, mis dientes están torcidos, tengo pequeños granos.
Volvió a cerrar los ojos y se secó las lágrimas.
-No llores, todas las cosas que has dicho no son más que cosas superficiales, todo eso que tu has dicho se puede cambiar, no tienes que preocuparte por eso, sin embargo -se acercó a ella y señalo su corazón- sin eso, por muy guapa que sea la persona por fuera si no tiene corazón nadie la querrá nunca. Hace tiempo pensaba como tú, pero con el paso de los años me he dado cuenta de que nadie es mejor que nadie, que igual hay alguien muy guapo por fuera pero que por dentro no merece la pena conocerle, y sí, también hay gente no tan guapa y que por dentro son como pequeños angelitos. Hace tiempo yo hubiese dado cualquier cosa por ser guapa, hoy no cambio nada de mi, prefiero ser así, como soy, no hay nada de malo en ser quien eres.
Ella abrió los ojos y no había nadie a su lado, se volvió a mirar en el espejo.
-Gracias -susurró, esa voz había conseguido que cambiase su forma de ver las cosas, ya no se veía ni fea ni guapa se veía persona.


No hay comentarios:

Publicar un comentario