miércoles, 18 de mayo de 2011

28.

Estaba sentada tan tranquila en el banco del parque, los niños jugaban con las hojas, reían, saltaban...estaban alegres, felices, me gustaba verlos así, me inspiraba, me hacía feliz. Una niña se me acercó mientras yo estaba absorta viéndoles.
-Perdona - me dijo la niña con su voz cantarina.
-¿Qué quieres? - la respondí dulcemente.
-Es que... mi mami se ha perdido... - dijo procupada
-¿Tu madre? ¿Cómo te llamas?
- Si mi mami, estba aquí y no aparece, me llamo Emma - sonrio cálidamente y sonreí al oirla decir eso.

Mientras hablaba con Emma, más me convencía que tenía que escribir ese historia, si, esa historia sobre la niñez, esa que tanto añoramos a medida que nos hacemos mayores... Cuando salí de mis pensamientos, ví a una madre preocupada.
-¿Es esa tu madre? - señalé a la chica con cara de susto.
-¡si! ¡Mami! - gritó y se fue corriendo hacia ella.
Las dos se fundieron en un abrazo, cálido, lleno de ternura.

Comencé a escribir la historia poniendo de protagonista a esa niña de ojos azules, rubia y sonriente, que había venido donde mí. Esa historia comenzaría con un "Era un tarde de otoño...", pero el final no estaba cerca, porque aunque no la volviese a ver más, sabría que sería igual de feliz y alegre o incluso más que ese día al reencontrarse con su madre.

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